O la balada de
Tipo Estereotipo y Tom Seleck sin bigote.
[¡Guarning!:
Spolieros a tutiplén]
Ah, esa franja de
tierra baldía que se extiende entre los Apalaches y las Rocosas llamada ‘Murica. Todo es apacible: Los hombres
se cortan el pelo en la barbería –enfrente de la General Store y junto a la Specific
Store–, las mujeres le dan al bourbon en el club de lectura, la segregación
racial sigue vigente en el instituto –nunca se eliminó, dada la ausencia de
negros... Pero, ¡Qué fuerte, Antonia! Va y un famosete nacido en el pueblo dice
que el profesor de literatura es gay.
Y a partir de
aquí se empiezan a desarrollar una serie de esterotipos sobre Tipo, el héroe
homosexual del medio oeste:
– Que le gusta
Barbara Streisand. Vamos, sí, tiene películas buenas, canta bien... pero ¿Realmente
a un homosexual tiene que gustarle Barbara Streisand? ¿Acaso es un guiño a esa
probóscide prácticamente peneana que a la Streisand le nace entre las cejas?
– Que le gusta la
literatura. En efecto, un hombre de bien no lee. Nunca. Salvo el Marca o diario
deportivo y sólo para saber qué pollas le pasa a Cristiano Ronaldo, que no
marca (otra cosa que no sea paquete en anuncios de gayumbos deluxe).
– Que es
amanerado. Uf, si supiesen la de hombres amanerados que follan muy a gusto con
su mujer o novia. No, tener asa, la mano vaída, no colocarse el paquete bien –curioso,
paquete repite en esta entrada–... nada de eso significa ser gay.
– Que Tom Seleck
le da un besangarramacaco sin hacerle cosquillas con el bigote. Pues, hombre,
yo de él sólo me gusta el Ferrari que lucía en Magnum.
– Que cuando
suena I will survive baila como una
loca. ¿Y quien no, cuando va por su enésima copa?
Pero, a pesar de
los apesares. Salvando los estereotipos, uno se ríe. Sea gay, lesbiano, libanés
o incluso Debie Reynolds.
Por cierto, ¿Qué
hubiese pasado si Ryan Reynolds hubiese sido el protagonista?