lunes, 20 de abril de 2015

Pompeya



Ó lo que Plinio no vio el guionista inventó.

[Güarning!! Espoileros a tutiplén]

Esta podría ser otra película de catástrofes y no lo es. Es peor. Vamos a ver, cuando inventas una catástrofe tienes derecho (y supongo que el deber) de hacerla todo lo espectacular que los efectos especiales te permitan. Pero cuando quieres recrear una catástrofe real mejor te ciñes a los hechos. La erupción del año 79 es una de las mejores y más antiguamente documentadas (completada con investigaciones modernas).
Mejor vamos al meollo del cuento. Un celta, portentoso jinete de una tribu de portentosos jinetes, es esclavizado por Roma tras ver su clan brutalmente asesinado. Es el último de su tribu, lo cual siempre es un morbillo añadido que podría haberse aprovechado más. El Celta (así le llaman) acaba como gladiador en Londinium, donde es descubierto por un entrenador de gladiadores de Pompeya. Ahí que se lo llevan.
Casia, una hija de una familia patricia de Pompeya, vuelve a su casa desde Roma. Uno de los caballos de su carro tropieza, justo cuando pasan junto a la chusma que contiene al Celta. Este pide ayudar al caballo. Está muy malherido el pobre animal y en un gesto de compasión que cala en el alma de Casia, el Celta desnuca el caballo.
La vida en una escuela de gladiadores no es sencilla. Hay mucha testosterona junta. El Celta se ve envuelto en una pelea prácticamente carcelaria. El gladiador estrella, Ático (jo-jo, el más alto es el Ático), apuesta contra el novato con un compañero y pierde. Y para más inri los ponen juntos en la misma celda.
En cambio, la vida de los patricios romanos es un chollo. Casia ha vuelto a casa y visita a su caballo. Su palafrenero, un esclavo abisinio, lo llevará de noche a ejercitarse y estará de vuelta a la mañana. No será así, el caballo y el esclavo abisinio presenciarán uno de los primeros movimientos sísmicos de la erupción. [Como era previsible el esclavo muere].
También un legado romano llega a Pompeya y se alhoja en casia de los casios [el pater familias tiene por nombre Severus]. Es el senador Corvus, tan retorcido como su nombre indica, y, que por añadidura, fue el general que acabó con el clan del Celta. De todas formas hay que agasajar al legado con una orgía. Pues nada: invitados, músicos, comercio, bebercio y algunos machos (los gladiadores) para que las mujeres se entretengan mientras los hombres hablan de negocios.
Severus espera que los negocios sean la concesión de obras públicas. Un nuevo circo, termas, una cuadrigavía radial… No, Corvus le saca de su error: Roma no pagará, él sí. Hay un trasfondo político en esta historia y es que el imperio acaba de cambiar de familia de gobernantes (de los Julios-Claudios a los Flavios) y a los habitantes de Pompeya no se les reconocía como ciudadanos. Corvus se debe querer posicionar como siguiente emperador, ya que igual los Flavios tienen los días contados. Firmarán los contratos al día siguiente, tras los juegos.
En la fiesta vuelven a coincidir el Celta y Casia. Y el caballo espantado, sin esclavo abisinio, vuelve, pero espantado por los temblores de tierra [sí, aquí va bien, hubo temblores antes]. El Celta tranquiliza al caballo y seduce a Casia (¡qué previsible!). Al Legado Corvus no le hace gracia, así que le pone al esclavo su espada al cuello. Casia implora. El legado la pretende y consigue su compromiso de matrimonio. El Celta salva su vida a cambio de unos latigazos.
Día de fiesta en Pompeya. De acuerdo con Plinio el joven es el 24 de Agosto. Y también tiene que ser el último combate de Ático. Pero no. En honor del General Corvus, héroe contra los celtas, en lugar de lucha habrá una pantomima. Unos gladiadores, encadenados a un poste de cartón piedra, lucharán contra unas huestes romanas de la señorita pepys. Entre los que van a morir están, como no Ático (que se siente traicionado por Roma) y el Celta. Estos dos reparten estopa, se cargan el decorado y humillan a Corvus. El Legado se lo toma mal. ¡Que entren las legiones de verdad! Va a ser una escabechina. Corvus enseña su puño, horizontal [gesto erróneo: esto significaba vivan. Es decir, el pulgar envainado]. Y a su lado Casia saca su pulgar hacia arriba [Al revés, maja, si fuese así los acabas de matar desenvainado tu pulgar]. ¡Y terremoto!
No, aquí empieza a fallar la ambientación. Posiblemente había fallado antes, si alguien sabe más de Roma que comente. Pero bueno, sí, vuelan las bombas volcánicas, pero no ha caído ni una sola brizna de ceniza todavía. La gente huye hacia el puerto, el dueño de gladiadores paga su travesía en un barco con la suerte que le cae una bomba volcánica [previsible, un malo malito debe morir]. Hay un tsunami [no sé hasta qué punto hubo un terremoto lo suficientemente fuerte bajo la bahía como para causarlo]. Llueven muchas más bombas volcánicas, pero nadie se tapa la nariz ni muere por el gas sulfídrico. Varias luchas después Ático muere, el Celta recupera a su chica en el foro principal y empieza a venir el flujo piroclástico. Aquí, un momento: Esta película es posterior a la erupción del monte Santa Helena, y se presume que la erupción del Vesubio fue similar. Entonces ¿por qué las nubes de ceniza parecen encendidas? No, está muy mal retratado.
Finalmente los amantes Casia y Celta pretenden huir a caballo. Al legado se lo traga el fuego del infierno, también a Ático que muere libre de corazón. Teniendo en cuenta que un flujo piroclástico puede avanzar hasta 200km/h es vano. Que huya Casia sola, piensa entonces el Celta. No hay tiempo. Se inmortalizan en un beso, que siglos después quedará como un hueco en la ceniza y rellenado con yeso al ser encontrado.
Conclusión: Mala con avaricia. Lo dicho, una erupción muy mal retratada. Ni una referencia a los Plinios; el viejo, que se quedó en la erupción y el joven que lo contó.