jueves, 1 de mayo de 2014

A Través del Espejo



Ó La tercera hermana De Havilland

[Güarning!! Espoileros a tutiplén]

“Terrible, apocalíptico… un médico asesinado brutalmente. La sospechosa tiene un aire a Melania Hamilton, de Lo que el Viento se Llevó, según aseveran dos testigos y un italoamericano babosete…”

Con estas palabras, en boca del locutor de radio, podría empezar esta historia sobre las gemelas Terry y SherryRuth. Y sí, los testigos describen y aseveran que la quiosquera de un hospital es la sospechosa. Salvo que, el sargento descubre que no hay sólo una, que son dos. Lo descubre en casa de ella(s), cuando va a decirle que su coartada es sólida. La recibe una soberbia Olivia de Havilland, en bata de boatiné con una R bordada, que le acepta un cigarrillo y se lo fuma con la izquierda… Pero otra Olivia de Havilland grita en otra habitación y aparece con la misma bata con una T bordada. [Esta es una constante en la película, o llevan una inicial bordada, o un oportuno colgante…] Y la identificación de la sospechosa se va al garrett.

Pero, ay milagros de un guión redondo, un médico del hospital –psiquiatra al que le mola la quiosquera, quienquiera que sea de las dos– es un estudioso de los gemelos. No me las doy de lo mismo –un recuerdo para Mario y Luis– pero sé que los gemelos, con el trato, se pueden distinguir por mucho que se parezcan físicamente. Esta es la tarea del psiquiatra, distinguir la gemela mala. Les hace tests de rorshack, de asociación, de la verdad… y de todo tipo, menos el test-y-cular.

Conforme avanza la película, uno se plantea quien de ellas es la gemela dominante. En la primera escena juntas, la dominante parece Ruth, aunque a veces se confunden sus papeles. Lo digo, esencialmente, porque la Terry de la primera escena juntas y de la escena del desmayo parece una extensión de Melania Hamilton. Pero, después parece que es Terry la que acepta sin problemas que el psiquiatra las estudie…

¿Y quién es la asesina? Pues no voy a hacer ese espoiler. Sólo diré, finalmente, que me gusta esta duplicidad de Olivias posibles –la recatada Hamiltoniana y otra más resuelta–, que la película tiene planos de las dos gemelas muy bien montados para ser un film viejuno –1946– y que sólo espero que ni las gemelas Olsen ni los gemelos Sprouse hagan nunca un remake desvirtuante.

[Disculpen los chistes de Los Simpson]
[Disculpen el subtítulo, clara referencia a Joan Fontaine, especialmente si Olivia me leyera]

martes, 4 de marzo de 2014

The artist



Ó: Casimuerte por Vitaphone

[Güarning!: Spoileros a tutiplén!]

Un cambio de paradigma no es fácil de aceptar para la mayoría de la gente. Y, más concretamente, en la industria del cine no ha habido cambio de paradigma mayor que pasar del cine mudo al sonoro. Silent to talkies. A alguien que mínimamente le guste el cine le sonarán algunas películas y escenas. Es en Cantando bajo la lluvia dónde, con un trasfondo buenrollista no exento de un poco de drama, que se hace una ficción alrededor de estos tiempos. Pero es una visión en positivo, de los que lograron reconvertirse. Esta visión negativa, esta cara B se hace patente en una escena de El crepúsculo de los dioses en la que Gloria Swanson, Buster Keaton y otras “Viejas glorias” del celuloide mudo juegan melindrosamente a cartas, como los naipes descartados que en ese momento representan.

Uno no puede evitar, viendo The Artist, hacer paralelismos con la película musical de Stanley Donen: Un actor famoso del cine mudo, un galán, conoce fortuitamente a una joven aspirante a actriz. Con una relativa voluntariedad empuja a la joven en su ascenso al estrellato. En fin, la historia de fondo es la misma aunque con añadidos –y ausentes, como el sonido– para crear algo que se parece pero no es.

Sí, en efecto, el galán de la película no apuesta por el cine sonoro. No satisfecho con la posible indiferencia con la que Swanson y Keaton debieron acoger la nueva tecnología se convierte en activista del cine mudo. Agonizante, aunque no lo sabe, se lanza a producir y dirigir –Norma numero uno de la industria del espectáculo: No produzcas con tu dinero– con la mala suerte de que su esperable fracaso se suma a la crisis del 29 y la crisis de su matrimonio.

Malvive, se destruye a si mismo, e incluso la joven estrella hace burla de los actores mudos en su presencia accidental –noten quizás algunos gestos de los que hace Debbie Reynolds en su encontronazo con Gene Kelly. Llega a la locura –es una sombra de lo que fué, reflejada en la pequeña pantalla de su ínfimo apartamento– y con la locura el atentado contra si mismo. Milagrosamente se salva, y la joven no puede evitar sentir compasión por ese hombre que le dio un empujoncito. Ay, pero, el orgullo hace recaer a la antigua estrella. Carrera a la desesperada, el amor triunfa y... Señor productor, ¿por qué no hacemos un musical?

Por conclusión, alguna reflexión. ¿Una tecnología mejor hace una película mejor? –preguntaba Lisa Simpson a la parodia de George Lucas. La respuesta que yo daría es: Depende. Es obvio que la voz de un actor, acompañando a su expresión, es  importante para contar una historia con imágenes. Y que un escenario generado por ordenador puede aportar el encuadre que esa historia necesita. Quizás, como espectador, no entiendo el cambio de paradigma actual hasta el 3D –lo veo innecesario– pero igual soy antiguo.

martes, 4 de febrero de 2014

In and out



O la balada de Tipo Estereotipo y Tom Seleck sin bigote.

[¡Guarning!: Spolieros a tutiplén]

Ah, esa franja de tierra baldía que se extiende entre los Apalaches y las Rocosas llamada ‘Murica. Todo es apacible: Los hombres se cortan el pelo en la barbería –enfrente de la General Store y junto a la Specific Store–, las mujeres le dan al bourbon en el club de lectura, la segregación racial sigue vigente en el instituto –nunca se eliminó, dada la ausencia de negros... Pero, ¡Qué fuerte, Antonia! Va y un famosete nacido en el pueblo dice que el profesor de literatura es gay.

Y a partir de aquí se empiezan a desarrollar una serie de esterotipos sobre Tipo, el héroe homosexual del medio oeste:
– Que le gusta Barbara Streisand. Vamos, sí, tiene películas buenas, canta bien... pero ¿Realmente a un homosexual tiene que gustarle Barbara Streisand? ¿Acaso es un guiño a esa probóscide prácticamente peneana que a la Streisand le nace entre las cejas?
– Que le gusta la literatura. En efecto, un hombre de bien no lee. Nunca. Salvo el Marca o diario deportivo y sólo para saber qué pollas le pasa a Cristiano Ronaldo, que no marca (otra cosa que no sea paquete en anuncios de gayumbos deluxe).
– Que es amanerado. Uf, si supiesen la de hombres amanerados que follan muy a gusto con su mujer o novia. No, tener asa, la mano vaída, no colocarse el paquete bien –curioso, paquete repite en esta entrada–... nada de eso significa ser gay.
– Que Tom Seleck le da un besangarramacaco sin hacerle cosquillas con el bigote. Pues, hombre, yo de él sólo me gusta el Ferrari que lucía en Magnum.
– Que cuando suena I will survive baila como una loca. ¿Y quien no, cuando va por su enésima copa?

Pero, a pesar de los apesares. Salvando los estereotipos, uno se ríe. Sea gay, lesbiano, libanés o incluso Debie Reynolds.

Por cierto, ¿Qué hubiese pasado si Ryan Reynolds hubiese sido el protagonista?