miércoles, 18 de marzo de 2015

Un Plan Brillante



Ó Los diamantes (y la venganza) son para siempre.

[Güarning!! Espoileros a tutiplén]

Bienvenidos a una historia contemporánea de “Mad Men”. Y al igual que en la serie de publicistas americanos, una mujer se ha hecho hueco entre sombreros fedora y nudos Windsor en corbatas estrechas. [Convenientemente me he saltado la introducción con una Demi Moore más arrugada –maquillaje– de lo que nunca veremos]. Esta mujer, Laura, se enfrenta al techo de cristal o mejor dicho, de diamante. No asciende a directora de sucursal ni a tiros. Y le sienta como un tiro.

Por otro lado tenemos a Hobbs, el bedel/limpiador/chicoparatodo de la brillantísima Londinense de Diamantes, a punto de jubilarse. [Paradójicamente, Michael Caine no se jubilará hasta que deje una peli a medias, en muchos años le desamos]. Hobbs sabe que Laura está encabroná por la falta de ascensos y también sabe –“Se sorprendería de lo que la gente habla en presencia del servicio”– que va a ser pronto despedida

Aghhhhhh! Plan B: Buscar empleo en un banco en el que trabaja un antiguo compañero de universidad. ¿Que no? Plan C: Casarse con este antiguo compañero de universidad y sacar el arroz de la olla. Ah, que ya está casado. Plan D: Un robo –que le propone Hobbs– de un par de milloncejos de libras de la época en diamantes escondidos en el termo del bedel. “¿Cuántos quisiera que cupieran?”.

Sí, cierto que Laura primero piensa que los acercamientos de Hobbs son en plan amoroso. Pero él es un hombre felizmente casado, con la salvedad de ser viudo desde que su mujer murió por una atención médica deficiente en un seguro privado. [Toma ya, Boi Ruiz, que una muta no lo cura todo].

El robo, debe darse. Sólo falta la combinación de la caja fuerte, que lord Ashtoncroft –“Soberano de todo cuanto toca el sol”– guarda en su casa. Laura lo consigue en una gala en la que tiene que entretener a un comunista babosillo –sí, tipo delegado comercial de 1,2,3 pero sin chiste propio– pero no es un crimen perfecto. Deja unas huellas, en un impertinente [Si no sabe lo que es, lo busca; no sea impertinente].

El robo se comete. La mañana siguiente la caja fuerte de “La Londinense” abre más vacía que la cavidad craneal de un espectador de “Sálvame”. Ese no era el plan, Laura ha sido engañada, y es cómplice y… Acuda al despacho de dirección. Están en un brete. El asegurador, el rico prohombre y fumador de puros Sinclair, no piensa pagar hasta que se investigue. Un abogado joven llega con un mensaje de los ladrones, es un chantaje. El asegurador no pagará.

El investigador empieza sus pesquisas. Laura se ofrece para ayudarle. El tiempo se los come, el plazo para el pago se les echa encima. Tienen dos líneas de investigación: La primera apunta a un grupo comunista, la segunda al entorno de un grupo comunista. Sospechan del bedel, del hijo del dueño –que como todos los jóvenes tuvo un pasado– y…

Sinclair no pagará. Llama a la prensa, sin saber que el mayor accionista del diario es propiedad de “La LonDi”. Nervios, muchos nervios, a Laura se le caen los pendientes por el desagüe y se le ilumina la lucecita. Se echa a las cloacas, Hobbs la espera, protegiendo el botín. Y le cuenta el quid de la cuestión: No odia a los diamantes, no es un comunista, no odia su trabajo desatascando váteres y limpiando ceniceros… Sólo es un marido en busca de venganza por la mutua de salud deficiente que causó la muerte a su mujer. Y el objetivo está sobre Sinclair. La aseguradora paga, el hecho se hizo.

Laura escapa, los indicios contra ella son inconcluyentes. Un día se encuentra que han depositado millones a su nombre en un banco suizo. “Y ahí empieza mi historia de verdad”. Vamos, que empieza a donarlos, que encuentra marido, cría, se arruga… Y sólo se queda un inmenso culo de vaso, para las vacas flacas.