martes, 4 de marzo de 2014

The artist



Ó: Casimuerte por Vitaphone

[Güarning!: Spoileros a tutiplén!]

Un cambio de paradigma no es fácil de aceptar para la mayoría de la gente. Y, más concretamente, en la industria del cine no ha habido cambio de paradigma mayor que pasar del cine mudo al sonoro. Silent to talkies. A alguien que mínimamente le guste el cine le sonarán algunas películas y escenas. Es en Cantando bajo la lluvia dónde, con un trasfondo buenrollista no exento de un poco de drama, que se hace una ficción alrededor de estos tiempos. Pero es una visión en positivo, de los que lograron reconvertirse. Esta visión negativa, esta cara B se hace patente en una escena de El crepúsculo de los dioses en la que Gloria Swanson, Buster Keaton y otras “Viejas glorias” del celuloide mudo juegan melindrosamente a cartas, como los naipes descartados que en ese momento representan.

Uno no puede evitar, viendo The Artist, hacer paralelismos con la película musical de Stanley Donen: Un actor famoso del cine mudo, un galán, conoce fortuitamente a una joven aspirante a actriz. Con una relativa voluntariedad empuja a la joven en su ascenso al estrellato. En fin, la historia de fondo es la misma aunque con añadidos –y ausentes, como el sonido– para crear algo que se parece pero no es.

Sí, en efecto, el galán de la película no apuesta por el cine sonoro. No satisfecho con la posible indiferencia con la que Swanson y Keaton debieron acoger la nueva tecnología se convierte en activista del cine mudo. Agonizante, aunque no lo sabe, se lanza a producir y dirigir –Norma numero uno de la industria del espectáculo: No produzcas con tu dinero– con la mala suerte de que su esperable fracaso se suma a la crisis del 29 y la crisis de su matrimonio.

Malvive, se destruye a si mismo, e incluso la joven estrella hace burla de los actores mudos en su presencia accidental –noten quizás algunos gestos de los que hace Debbie Reynolds en su encontronazo con Gene Kelly. Llega a la locura –es una sombra de lo que fué, reflejada en la pequeña pantalla de su ínfimo apartamento– y con la locura el atentado contra si mismo. Milagrosamente se salva, y la joven no puede evitar sentir compasión por ese hombre que le dio un empujoncito. Ay, pero, el orgullo hace recaer a la antigua estrella. Carrera a la desesperada, el amor triunfa y... Señor productor, ¿por qué no hacemos un musical?

Por conclusión, alguna reflexión. ¿Una tecnología mejor hace una película mejor? –preguntaba Lisa Simpson a la parodia de George Lucas. La respuesta que yo daría es: Depende. Es obvio que la voz de un actor, acompañando a su expresión, es  importante para contar una historia con imágenes. Y que un escenario generado por ordenador puede aportar el encuadre que esa historia necesita. Quizás, como espectador, no entiendo el cambio de paradigma actual hasta el 3D –lo veo innecesario– pero igual soy antiguo.