Ó: Casimuerte por
Vitaphone
[Güarning!: Spoileros a tutiplén!]
Un cambio de
paradigma no es fácil de aceptar para la mayoría de la gente. Y, más
concretamente, en la industria del cine no ha habido cambio de paradigma mayor
que pasar del cine mudo al sonoro. Silent
to talkies. A alguien que mínimamente le guste el cine le sonarán algunas
películas y escenas. Es en Cantando bajo
la lluvia dónde, con un trasfondo buenrollista no exento de un poco de
drama, que se hace una ficción alrededor de estos tiempos. Pero es una visión
en positivo, de los que lograron reconvertirse. Esta visión negativa, esta cara
B se hace patente en una escena de El
crepúsculo de los dioses en la que Gloria Swanson, Buster Keaton y otras “Viejas
glorias” del celuloide mudo juegan melindrosamente a cartas, como los naipes
descartados que en ese momento representan.
Uno no puede
evitar, viendo The Artist, hacer
paralelismos con la película musical de Stanley Donen: Un actor famoso del cine
mudo, un galán, conoce fortuitamente a una joven aspirante a actriz. Con una
relativa voluntariedad empuja a la joven en su ascenso al estrellato. En fin,
la historia de fondo es la misma aunque con añadidos –y ausentes, como el
sonido– para crear algo que se parece pero no es.
Sí, en efecto, el
galán de la película no apuesta por el cine sonoro. No satisfecho con la
posible indiferencia con la que Swanson y Keaton debieron acoger la nueva
tecnología se convierte en activista del cine mudo. Agonizante, aunque no lo
sabe, se lanza a producir y dirigir –Norma numero uno de la industria del
espectáculo: No produzcas con tu dinero– con la mala suerte de que su esperable
fracaso se suma a la crisis del 29 y la crisis de su matrimonio.
Malvive, se
destruye a si mismo, e incluso la joven estrella hace burla de los actores
mudos en su presencia accidental –noten quizás algunos gestos de los que hace
Debbie Reynolds en su encontronazo con Gene Kelly. Llega a la locura –es una
sombra de lo que fué, reflejada en la pequeña pantalla de su ínfimo apartamento–
y con la locura el atentado contra si mismo. Milagrosamente se salva, y la
joven no puede evitar sentir compasión por ese hombre que le dio un
empujoncito. Ay, pero, el orgullo hace recaer a la antigua estrella. Carrera a
la desesperada, el amor triunfa y... Señor productor, ¿por qué no hacemos un
musical?
Por conclusión,
alguna reflexión. ¿Una tecnología mejor hace una película mejor? –preguntaba
Lisa Simpson a la parodia de George Lucas. La respuesta que yo daría es:
Depende. Es obvio que la voz de un actor, acompañando a su expresión, es importante para contar una historia con imágenes.
Y que un escenario generado por ordenador puede aportar el encuadre que esa
historia necesita. Quizás, como espectador, no entiendo el cambio de paradigma
actual hasta el 3D –lo veo innecesario– pero igual soy antiguo.
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