O cómo cuando
haces lo que te sale del níspero hay una fuerza cabrona que te acaba jo...
jorobando.
[¡Guaring!: Spolieros
a tutiplén]
Es la historia de
superación personal de un hombre acabado, estancado en la rutina. Es también la
historia de aceptación sexual de una adicta al éxito y al capitalismo. Y la
historia del nacimiento de un amor más bello que la belleza de una bolsa de
plástico bailando atrapada en una ráfaga de viendo. Y una apertura de armario
con golpe sorpresa. Una historia, en definitiva, entre lo políticamente
correcto y lo humanamente realizable.
Me gusta,
especialmente, el protagonista. Un hombre atrapado que intenta escapar (y que
fugazmente lo consigue). Y su pareja, una mujer ambiciosa (pecadora de avaricia
y/o soberbia y/o egoísmo y todos los pecados capitalistas petit-bourgeois) que le recrimina una actitud pueril, el
consumo de drogas blandas ilegales –y también le recriminaría sus deseos
sexuales con una menor/calienta-pero-no-cocina si los conociera.
Destacaría el
nacimiento de la historia entre los jóvenes. Él, recién llegado al vecindario,
voyeur –le doy 8,5boyers en la escala Boyer del voyeurismo– y raro, raro –diría
raro de cojones, pero sólo se le ven los glúteos. Ella una adolescente entre
tantas –su padre, en monólogo, dice “…me
gustaría decirle que [eso raro que] siente se le pasará, pero no quiero
mentirle”– llamada a ser una futura mediocre como su padre, su madre y sus
vecinos por el bien de todos.
Me deja un sabor
agridulce de boca la salida del armario del nuevo vecino marine en la reserva.
¿O es que será menos aguerrido, menos hombre, por el hecho de que le gusten los
nabos en lugar de las almejas? Y, por el yerro en su primer objetivo. Y por su
reacción al verse rechazado.
Frase:
Muchísimas. Me quedaría con la que ya he dicho y otra. La mater familias riñe a
su hija, la trata de mimada y le suelta: “Cuando
yo tenía tu edad no vivía en una casa como esta, ¡vivíamos en un dúplex!”
¿Qué mínima diferencia en la opulencia puede haber en tener la caseta i l’hortet que en tener un
doble piso? ¿Acaso los que vivimos con menos somos los lumpen a ojos de esta antiheroina del sueño capitalista?
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