O, como el hoy de
ayer es ayer y el ayer de ayer es anteayer... No se si me explico.
[¡Guarning! Not mater los espoileros ‘cos is cine derribo]
Hoy, como ayer –ahora
que los yeyés son yayós– revisar el pasado es un duro
ejercicio, que podría llegar a tonificar los músculos post-menopáusicos de Concha
Velasco. Hoy que Ozores sólo es hija y sobrina, no hermanos como entonces. Ay, asomarse
a esos días sesenteros, del NODO, del plan de desarrollo, de los melenudos
incomprendidos… y ver como entonces se veía su hoy y su reinterpretación de su ayer.
Ay, el star-system bocatacalamares…
Desde el punto
biológico, los de hoy somos lo que vivieron nuestros abuelos –en cierto modo el
ayer de ayer– más que lo que vivieron
nuestros padres –el hoy de ayer. Así
que uno puede resultar igual de estremecido que sus abuelos al pasar de
circular en burro a los horripilantes 50km/h de un correo BCN-MAD con parada en
Tardienta cuando uno vuela al mismo villorio a 200km/h. Del mismo modo nos
tomarán el pelo con un bólido –o el Ford A o el Renault Megan III– o la
opinión, siempre positiva, de los antaño suecos hoy rusos que nos turistean.
Cosa extraña, en
el hoy de ayer un lampista es un
potentado. Hoy, no sé, pero lo que va uno viendo de ofertas laborales es que se
buscan muchos CFGS (Ciclo Formativo Grado Superior) por sector –imagino que la lampistería
es CF. Y es que, quien más que menos melenudo de hoy de ayer se lo curró para ir a la universidad; y si no pudo
quiso vivir su sueño en sus hijos. Total, en el hoy de hoy das una patada y te salen docena de farmacéuticos,
químicos, ingenieros, biólogos, telecos…
que se mueren de hambre comiéndose sus mocos o sirviendo tapas a los rusky.
Cosa más extraña,
como lo ya visto del calentamiento global: la lencería ha menguado, desde el anteayer pasando por el ayer llegando al hoy. Y no sólo la
lencería, también la ropa de baño. Teniendo en cuenta que en anteayer no sabían ni lo que era el
ozono y que al cáncer le llamaban el mal
feo; que las yeyés lagartonas playeras
de ayer tienen hoy la piel como el
cuero viejo de un sofá tirado en un punto verde… ¿Por qué no hoy nos olvidamos
de Cocó Chanel y nos volvemos al color natural de cada piel?
Pero, la vida
seguirá. Nuestro hoy será algún día
un ayer. La onda actual (y el hipsterismo actual) será diferente mañana,
caeremos de la mainstream (o el afluente
aumentará de flujo) y la nueva onda
nos aterrorizará lo mismo que a Abe J. Simpson le aterrorizó la de Homer J.
Simpson, a falta de que el eterno niño Bart J. Simpson se defina por alguna de
las ondas del cuarto de siglo que ha vivido.
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