Ó ¿conoce usted al gran actor Joseph Tura?
[Güarning!! Espoileros a tutiplén]
Varsovia, Polonia,
Agosto de 1939. Poznaski, Lominsky, Trankansky y Barransky, Pujolsky… Todo
normal en las abarrotadas calles de Varsovia hasta que un hombrecillo con
bigotillo y el pelo raro aparece paseando. ¡Inconcebible! Es él, Hitler, en el
centro de Varsovia y sin escolta alguna. Pasea tranquilo, hasta que una chica: “Señor,
me gustó mucho en Hamlet. ¿Me firma un autógrafo?”
En efecto, es una
comedia de enredos clásica. Una troupe de actores polacos, con su estrella
Joseph Tura y su más conocida todavía, más hermosa todavía y con el parrús más inquieto todavía esposa Maria
Tura, ensayan una comedia sobre los Nazis. El director no está contento con la
caracterización de Hitler, así que hacen la prueba. Mientras, sus vidas siguen
con normalidad mientras interpretan Hamlet.
La inquieta Sra.
Tura espera su parte de la muerte de Ofelia en su camerino. Tiene un admirador
que le manda flores. Se citan, esa misma noche, cuando Joseph empiece el
monólogo “Ser o no ser…” Es el aviador Stanislav Sobinski, muy del gusto de
Maria, así que se van viendo a menudo. Pero Joseph está mosca porque este
espectador siempre sale. Acaba el monólogo y estalla la guerra, todo a la vez.
Sobinski ha huido
a Londres, forma parte de un escuadrón de la RAF. Entre todos agasajan a un
líder de la resistencia, el muy respetable y muy perillable Profesor Siletsky.
Charlan, cantan, beben kjuskovitze, y al final Siletsky acaba soltando que
viajará a Varsovia. Y también deja caer que se puede interesar por las familias
de sus camaradas. Todos corren a anotar nombres y recados, menos Sobinski. El
bueno del aviador los tiene a todos a salvo, pero le quiere mandar recado a una
dama en Polonia: La gran actriz Maria Tura… “¿Cómo ha dicho?” El profesor no la
conoce. Sólo tiene que decirle “Ser o no ser”.
Sobinski empieza
a sospechar. Habla con sus superiores. “Puede haber gente no interesada en el
teatro” le contesta “De hecho, sólo conozco una actriz y ojalá no la hubiera
conocido”. Pero es que es súper-famosa. Aparece en los periódicos, en la radio,
están inventando la tele para que pueda tener su propio programa y tiene una
línea propia de cosméticos a base de semen de… Bueno, quizás no tanto, pero la
conoce todo el mundo. Decidido, Siletsky es sospechoso y hay que acabar con él.
Tito, cap a Varsovia.
En Varsovia el
contacto de la resistencia local está en una librería. Los soldados alemanes
casi interceptan al aviador, que huye y se ampara bajo las faldas de su amada
Maria Tura. Es ella la que hace el contacto, la resistencia empieza a trabajar.
Pero Joseph vuelve a casa. En su cama encuentra a Sobinski, profundamente
dormido. “Ser o no ser…” empieza, y el aviador se levanta. Joseph le pide a
Sobinski una explicación. Ha sido Maria, que muy amablemente me ha cogido…
digo, me ha acogido… trabajamos para librarnos de usted… quiero decir, para la
libertad de usted… ¡Estamos en el mismo barco! “Pues de marinero a marinero ¿¡Qué
mal viento le ha metido en mis zapatillas!?”
Maria vuelve, no
hay tiempo para explicaciones, Siletsky ya ha llegado. “No pido una explicación
completa” se lamenta Joseph “pero creo que un marido merece una pista”. Ni para
eso hay tiempo. La bella Maria Tura es reclamada por Siletsky en su hotel de la
Gestapo.
Siletsky se las
da de seductor de pacotilla, con ese aire a chota vestida de esmoquin. Pero le
ofrece a Maria un gran banquete, con suculentas exquisiteces que en un país en
guerra no se encuentran. Maria se excusa para irse a cambiar, a ponerse uno de
sus trajes de gala, pero tiene un plan ya en marcha. Engaña con la grafología a
Siletsky, al volver engalanada, y justo cuando el hombre se pone babosillo…
¡Qué lástima! El Coronel Ehrhardt lo reclama. [No es más que una improvisación
de la compañía de actores]. Maria, en el trozo de papel que Siletsky ha firmado
teclea una nota de suicidio, pero no puede escapar, no tenía permiso.
“Así que me
llaman Ehrhardt campo de concentración” Tura no logra improvisar ni que lo
maten “Bueno, ellos hacen camping y nosotros concentraciones” Siletsky busca
una excusa, para volver con Maria. Un súbito interés en la mujer… Siletsky
sospecha por la sobreactuación de ese falso Ehrhardt, así que está a punto de
llamarla furcia… Huye por el teatro… Disparos, en escena: Adiós Siletsky.
Joseph Tura parte
en una misión de rescate, disfrazado de Siletsky. Casi lo ha logrado cuando
llega el auténtico ordenanza del auténtico Coronel Ehrhardt. “Así que me llaman
Ehrhardt campo de concentración”… Sí, la escena es calcada en su inicio, tanto
que Tura disfrazado acaba soltando “Imaginé que reaccionaría así”. Ehrhardt
cuenta un chiste más “Si Napoleón acabó como marca de Coñac y Bismark como un
tipo de arenque, ¿Acaso Hitler no acabará como un queso [suizo]?” No tiene
gracia, él, “Siletsky”, tan amigo de Hilter puede contarle esa falta de respeto…
Se calma la situación con unos “Heils” y al grano. Empieza a soltar algunos
nombres “Fulanotski” el ordenanza Schultz responde “Fue fusilado”; “Menganosky”
Schultz se pone blanco “También. Fusilado por explicar chistes sobre Hitler”.
En fin, nada que hacer, concluye “Siletsky”, que volverá a Gran Bretaña en
avión y le gustaría llevarse a la esposa del gran actor Joseph Tura. “Sí, lo
conozco, lo vi actuar antes de la guerra” contesta Ehrhardt “Hizo con Hamlet lo
mismo que ahora hacemos con Polonia.”
Al día siguiente,
Ehrhardt recibe nuevas de que Siletsky ha sido hallado muerto en un teatro. Se
estaba revisando para preparar la visita de Hitler. Ehrhardt recibe a Maria
Tura y muy apesadumbrado le da la noticia de la muerte de su valedor y también
se pone un poco babosillo con ella. Entonces Joseph llama a Ehrhardt,
haciéndose pasar todavía por Siletsky. Maria sale corriendo, busca a su marido
para avisarlo: En el teatro no está, y el maquillador le ha dado una perilla de
más por lo que fuera; en casa tampoco y le ha dado a Sobinski un puñetazo de
los de por si acaso.
Joseph ya ha
llegado al cuartel general y lo hacen esperar en una sala con el difunto
Siletsky. En un momento de brillantez, Tura afeita al cadáver y le engancha su
barba de repuesto. Llama a los militares y empieza un juego de deducciones todavía
más brillante, para dilucidar quién es el auténtico. Traje inglés, mal vamos. ¿Y
la perilla? Cuesta mucho tiempo dejarse una perilla así. Sí, si no fuera falsa.
Tura intenta tirar de la perilla de Siletsky… No puede, hace como que se
derrumba y Ehrhardt en un arrebato tira accidentalmente y, sí, más vale perilla
en mano que cientos en un muerto. Tura se ve confirmado como el auténtico e
insta al coronel “Tíreme de la barba” “No, no, de ninguna forma profesor”. Pero
la caballería [los actores de nuevo al rescate] llega. “Ese hombre es un
impostor” ¡Ras! Perilla fuera. “¿¡Cómo tiene un hombre con perilla y no tira de
ella!?”
Y rizar el rizo,
colofón final y plan de huída. Sembrar confusión. Un secundario de la compañía
interpretará el monólogo de Shylock “Si nos pinchan, ¿no sangramos?…”, otro se
volverá a disfrazar de Hitler y los demás hombres, ataviados de militares,
aconsejarán al del bigotito escapar y ponerse a salvo. Sólo queda que Joseph,
que comparte coche con el falso Hitler, recoja a Maria en casa. Tura, como no,
ha perdido su bigote otra vez. Para que los motoristas de escolta no sospechen,
es el falso Hitler el que subirá a por Maria. La pobre Sra. Tura se ve acosada
(prácticamente) por Ehrhardt. “Que no, que espero a alguien” de los labios de
Maria parece una excusa. Y se presenta Hitler en persona, que ve el percal y se
escapa. Maria, le sigue corriendo. Ehrhardt no sabe cómo reaccionar, ha
defraudado a Hitler. Suena un disparo, “¡Schutlz!”, el ordenanza no ha cargado
el arma.
Los actores van
cayendo en paracaídas sobre suelo británico. Otro chiste histórico más, unos
campesinos se encuentran a Hitler en persona. Joseph Tura, agasajado por la
prensa, “¿Qué va a hacer ahora en Gran Bretaña” y Maria todo el rato “Quiere
interpretar a Hamlet”.
La guinda: “Claudio:
Oh, pesada carga” “Polonio: Lo oigo llegar, escondámonos mi señor” Hamlet Tura
mira la platea. Sobinski sentado. “Hamlet: Ser o no ser…” Y otro militar se
levanta unas filas atrás.
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