jueves, 14 de mayo de 2015

Ser o no Ser



Ó ¿conoce usted al gran actor Joseph Tura?

[Güarning!! Espoileros a tutiplén]

Varsovia, Polonia, Agosto de 1939. Poznaski, Lominsky, Trankansky y Barransky, Pujolsky… Todo normal en las abarrotadas calles de Varsovia hasta que un hombrecillo con bigotillo y el pelo raro aparece paseando. ¡Inconcebible! Es él, Hitler, en el centro de Varsovia y sin escolta alguna. Pasea tranquilo, hasta que una chica: “Señor, me gustó mucho en Hamlet. ¿Me firma un autógrafo?”
En efecto, es una comedia de enredos clásica. Una troupe de actores polacos, con su estrella Joseph Tura y su más conocida todavía, más hermosa todavía y con el parrús más inquieto todavía esposa Maria Tura, ensayan una comedia sobre los Nazis. El director no está contento con la caracterización de Hitler, así que hacen la prueba. Mientras, sus vidas siguen con normalidad mientras interpretan Hamlet.
La inquieta Sra. Tura espera su parte de la muerte de Ofelia en su camerino. Tiene un admirador que le manda flores. Se citan, esa misma noche, cuando Joseph empiece el monólogo “Ser o no ser…” Es el aviador Stanislav Sobinski, muy del gusto de Maria, así que se van viendo a menudo. Pero Joseph está mosca porque este espectador siempre sale. Acaba el monólogo y estalla la guerra, todo a la vez.
Sobinski ha huido a Londres, forma parte de un escuadrón de la RAF. Entre todos agasajan a un líder de la resistencia, el muy respetable y muy perillable Profesor Siletsky. Charlan, cantan, beben kjuskovitze, y al final Siletsky acaba soltando que viajará a Varsovia. Y también deja caer que se puede interesar por las familias de sus camaradas. Todos corren a anotar nombres y recados, menos Sobinski. El bueno del aviador los tiene a todos a salvo, pero le quiere mandar recado a una dama en Polonia: La gran actriz Maria Tura… “¿Cómo ha dicho?” El profesor no la conoce. Sólo tiene que decirle “Ser o no ser”.
Sobinski empieza a sospechar. Habla con sus superiores. “Puede haber gente no interesada en el teatro” le contesta “De hecho, sólo conozco una actriz y ojalá no la hubiera conocido”. Pero es que es súper-famosa. Aparece en los periódicos, en la radio, están inventando la tele para que pueda tener su propio programa y tiene una línea propia de cosméticos a base de semen de… Bueno, quizás no tanto, pero la conoce todo el mundo. Decidido, Siletsky es sospechoso y hay que acabar con él. Tito, cap a Varsovia.
En Varsovia el contacto de la resistencia local está en una librería. Los soldados alemanes casi interceptan al aviador, que huye y se ampara bajo las faldas de su amada Maria Tura. Es ella la que hace el contacto, la resistencia empieza a trabajar. Pero Joseph vuelve a casa. En su cama encuentra a Sobinski, profundamente dormido. “Ser o no ser…” empieza, y el aviador se levanta. Joseph le pide a Sobinski una explicación. Ha sido Maria, que muy amablemente me ha cogido… digo, me ha acogido… trabajamos para librarnos de usted… quiero decir, para la libertad de usted… ¡Estamos en el mismo barco! “Pues de marinero a marinero ¿¡Qué mal viento le ha metido en mis zapatillas!?”
Maria vuelve, no hay tiempo para explicaciones, Siletsky ya ha llegado. “No pido una explicación completa” se lamenta Joseph “pero creo que un marido merece una pista”. Ni para eso hay tiempo. La bella Maria Tura es reclamada por Siletsky en su hotel de la Gestapo.
Siletsky se las da de seductor de pacotilla, con ese aire a chota vestida de esmoquin. Pero le ofrece a Maria un gran banquete, con suculentas exquisiteces que en un país en guerra no se encuentran. Maria se excusa para irse a cambiar, a ponerse uno de sus trajes de gala, pero tiene un plan ya en marcha. Engaña con la grafología a Siletsky, al volver engalanada, y justo cuando el hombre se pone babosillo… ¡Qué lástima! El Coronel Ehrhardt lo reclama. [No es más que una improvisación de la compañía de actores]. Maria, en el trozo de papel que Siletsky ha firmado teclea una nota de suicidio, pero no puede escapar, no tenía permiso.
“Así que me llaman Ehrhardt campo de concentración” Tura no logra improvisar ni que lo maten “Bueno, ellos hacen camping y nosotros concentraciones” Siletsky busca una excusa, para volver con Maria. Un súbito interés en la mujer… Siletsky sospecha por la sobreactuación de ese falso Ehrhardt, así que está a punto de llamarla furcia… Huye por el teatro… Disparos, en escena: Adiós Siletsky.
Joseph Tura parte en una misión de rescate, disfrazado de Siletsky. Casi lo ha logrado cuando llega el auténtico ordenanza del auténtico Coronel Ehrhardt. “Así que me llaman Ehrhardt campo de concentración”… Sí, la escena es calcada en su inicio, tanto que Tura disfrazado acaba soltando “Imaginé que reaccionaría así”. Ehrhardt cuenta un chiste más “Si Napoleón acabó como marca de Coñac y Bismark como un tipo de arenque, ¿Acaso Hitler no acabará como un queso [suizo]?” No tiene gracia, él, “Siletsky”, tan amigo de Hilter puede contarle esa falta de respeto… Se calma la situación con unos “Heils” y al grano. Empieza a soltar algunos nombres “Fulanotski” el ordenanza Schultz responde “Fue fusilado”; “Menganosky” Schultz se pone blanco “También. Fusilado por explicar chistes sobre Hitler”. En fin, nada que hacer, concluye “Siletsky”, que volverá a Gran Bretaña en avión y le gustaría llevarse a la esposa del gran actor Joseph Tura. “Sí, lo conozco, lo vi actuar antes de la guerra” contesta Ehrhardt “Hizo con Hamlet lo mismo que ahora hacemos con Polonia.”
Al día siguiente, Ehrhardt recibe nuevas de que Siletsky ha sido hallado muerto en un teatro. Se estaba revisando para preparar la visita de Hitler. Ehrhardt recibe a Maria Tura y muy apesadumbrado le da la noticia de la muerte de su valedor y también se pone un poco babosillo con ella. Entonces Joseph llama a Ehrhardt, haciéndose pasar todavía por Siletsky. Maria sale corriendo, busca a su marido para avisarlo: En el teatro no está, y el maquillador le ha dado una perilla de más por lo que fuera; en casa tampoco y le ha dado a Sobinski un puñetazo de los de por si acaso.
Joseph ya ha llegado al cuartel general y lo hacen esperar en una sala con el difunto Siletsky. En un momento de brillantez, Tura afeita al cadáver y le engancha su barba de repuesto. Llama a los militares y empieza un juego de deducciones todavía más brillante, para dilucidar quién es el auténtico. Traje inglés, mal vamos. ¿Y la perilla? Cuesta mucho tiempo dejarse una perilla así. Sí, si no fuera falsa. Tura intenta tirar de la perilla de Siletsky… No puede, hace como que se derrumba y Ehrhardt en un arrebato tira accidentalmente y, sí, más vale perilla en mano que cientos en un muerto. Tura se ve confirmado como el auténtico e insta al coronel “Tíreme de la barba” “No, no, de ninguna forma profesor”. Pero la caballería [los actores de nuevo al rescate] llega. “Ese hombre es un impostor” ¡Ras! Perilla fuera. “¿¡Cómo tiene un hombre con perilla y no tira de ella!?”
Y rizar el rizo, colofón final y plan de huída. Sembrar confusión. Un secundario de la compañía interpretará el monólogo de Shylock “Si nos pinchan, ¿no sangramos?…”, otro se volverá a disfrazar de Hitler y los demás hombres, ataviados de militares, aconsejarán al del bigotito escapar y ponerse a salvo. Sólo queda que Joseph, que comparte coche con el falso Hitler, recoja a Maria en casa. Tura, como no, ha perdido su bigote otra vez. Para que los motoristas de escolta no sospechen, es el falso Hitler el que subirá a por Maria. La pobre Sra. Tura se ve acosada (prácticamente) por Ehrhardt. “Que no, que espero a alguien” de los labios de Maria parece una excusa. Y se presenta Hitler en persona, que ve el percal y se escapa. Maria, le sigue corriendo. Ehrhardt no sabe cómo reaccionar, ha defraudado a Hitler. Suena un disparo, “¡Schutlz!”, el ordenanza no ha cargado el arma.
Los actores van cayendo en paracaídas sobre suelo británico. Otro chiste histórico más, unos campesinos se encuentran a Hitler en persona. Joseph Tura, agasajado por la prensa, “¿Qué va a hacer ahora en Gran Bretaña” y Maria todo el rato “Quiere interpretar a Hamlet”.
La guinda: “Claudio: Oh, pesada carga” “Polonio: Lo oigo llegar, escondámonos mi señor” Hamlet Tura mira la platea. Sobinski sentado. “Hamlet: Ser o no ser…” Y otro militar se levanta unas filas atrás.

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