Ó sesión doble en una misma película.
[Güarning!! Espoileros a tutiplén]
El Caso: “Dos
fallecidos hallados en la playa de Palos. Tres copas y champán hallados junto a
ellos”. A partir de un titular parecido, un grande del cine (Berlanga) construye
una historia que tiene bastante de historieta.
Cara A: La
tormenta
Un pueblo
cualquiera, cerca de la capital pero todavía pueblo. Lo tiene todo, los
abueletes del bar, la liga de mujeres puritanas –presidida por la propietaria
de la cotillería y cotilla oficial–, los ricos, las jóvenes que se les ha
quedado el pueblo pequeño –una con dignidad, la otra con perreo y baile de
twist incluído– y los voyeurs. Tiene, como no, bar, casino, iglesia, mercería…
Sábado, se acaba
el baile y estalla una tormenta. La familia de los ricos la componen tres
hermanos: Ignacia, la mayor, una mujer severa y enjuta por un lado y sus
hermanos Paquita y Venancio, unos adultos apocados, eclipsados por su hermana.
Estos dos simples, gordos y menudos, oyen ruidos en la habitación de su
hermana. Paquita escucha tras la puerta: Hay un extraño, con quien su hermana
hace planes para pulírselo todo.
La vida sigue.
Los abueletes del bar elogian el vino que les sirve –de Ignacia, según el rumor
saborizado con jamones– y la cotillera mayor tiene una nueva obsesión: Le han
robado un corsé y busca la culpable. Es sábado otra vez y el líder del grupo de
música, Fernando, que viene cada sábado de la capital está ligando con Beatriz –dependienta
de la cotillería– que quiere casarse, no tiene con quien. Fernando le da
largas, hablándole de un hermano impedido –que después sabremos que es una
excusa de la que Fernando quiere librarse matando a su hermano imaginario.
Entre semana,
Ignacia está vendiendo fincas. También pretende vender su casa, conseguir
dinero, irse todos al extranjero, a París, a vivir cada uno su vida con su
parte. Se nota que se siente extraña en ese pueblo –uno de los temas clásicos
del campo español y también retratado en “La Casa de Bernarda Alba”.
Sábado otra vez.
Casi hay una algarabía por el retraso de los músicos. Llegan al fin y se
organiza baile en la plaza en lugar del casino. Mientras, Paquita y Venancio no
encuentran a su hermana. Encuentran su habitación vacía, con una mesita parada
con dulces y licor –raro para una mujer tan estricta– e Ignacia reaparece tras
ellos. Ella está fuera de sí, hay un forcejeo y Venancio la desnuca con una
botella. Un desconocido –que ahora no reconocemos– aparece y ayuda a los
hermanos a esconder a su hermana en una tina de vino.
Cara B: El ojo de
la tormenta.
Entre semana.
Venancio y Paquita lloran a su hermana en la intimidad. Los abueletes del bar
se extrañan que los tres hermanos estén encerrados y no haya ido a misa.
Venancio y Paquita deciden rebuscar en la habitación de su hermana, buscan el
dinero y encuentran ropa y lencería delicada.
Sábado siguiente.
Es de noche. Ya todos se recogen en sus casas. Un taxi para enfrente de casa de
los hermanos. Salen Ignacia, Paquita y Venancio. Un abuelete estaba casualmente
ahí. Ignacia se despide.
Paquita y
Venancio han muerto. Se inician las pesquisas. Su casa quedará precintada por orden
judicial. El barman, que aún tiene que trasegar vino, consigue un permiso
especial del juez y se pone a la obra. Fernando ha decidido “matar” a su
hermano falso. Beatriz ya no ve impedimentos para su boda. Él está algo
extraño, afectado creen todos por la muerte de su hermano. Los abueletes del
bar felicitan a la futura pareja, los invitan a vino. Es de Ignacia. Fernando,
que ya ha dado un trago, casi se desmaya. Beatriz se lo lleva a casa, a
descansar en cama.
Hay problemas con
el trasiego. Algo tapa la espita de la tina de Ignacia. Parece un trapo, un
fardo, con pelos. Pues no, es la difunta. Se corre la voz. Los abueletes del bar,
que tanto elogiaban el vino que bebían, se cuestionan lo que ha ocurrido.
Bonus Track: La
comedia.
“Es normal que
sabiendo que uno ha bebido vino que ha tocado un cadáver…” Dice un abuelete. Y
la bombilla se enciende. Todos van a declarar ante el juez. Fernando sale
detenido. Y empieza su declaración.
Conoció a Ignacia
porque quería vender un Stradivarius. Al final resultó falso, pero él se hizo
el galán, pues olía el dinero. Convence a Ignacia de que no es tan mayor, que
está relativamente bien, que en París podrían ser felices. Ella lo traga todo y
empieza a cambiar su aspecto, en la intimidad. Fernando le compra la lencería
que ella quiere en la tienda del pueblo. Y ahí conoce a Beatriz y se empieza a
enamorar de ella.
La cotilla
cotillera los interrumpe, pidiendo al juez que investigue el robo del corsé que
la obsesionaba. Fernando confiesa, fue él, ya no podía comprarlo sin levantar
sospechas de Beatriz.
Fernando admite
que chuleaba a Ignacia de forma bastante rara. Llegó a ser modelo para ella,
pasándole trapitos ya que casi tenían la misma talla. Todo parecía ir
relativamente bien hasta que Venancio y Paquita meten las narices. Y empeora
definitivamente con la muerte de Ignacia. Él no tuvo nada que ver, lo confiesa,
pero fue cómplice al ocultar el cadáver.
Luego planearon
su huída. Fernando disfrazado de Ignacia. Huyen, a la playa de Palos. Los
hermanos quieren la fiesta que nunca han tenido. Paquita incluso coquetea con
Fernando. Pero, se tuerce. Fernando quiere huir con el dinero y pretende dormir
a los hermanos con un tranquilizante de Paquita. Brindan con champán y… Ups,
resultó que se le fue la mano.
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