Ó gravilla de estrellas
[Güarning!! Espoileros a tutiplén]
Subtitulo así, gravilla
de estrellas, por el gran elenco presente en esta película –grandes estrellas
del hoy: la gorda culona de Titanic,
Lobezno inmoral, el hermano no muy drogao de los Culkin, Richard Gere, Stifler,…–
y el humor de grano grueso. Es, también, una película por capítulos conducida
por un hilo común.
El MacGuffin del hilo
principal es una supuesta película de título Movie 43, y su búsqueda por parte de unos mastuerzos. De hecho, el
mastuerzo mayor quiere hacer una mala pasada a su hermano –meterle virus en su
portátil, virus de los buenos, de los de página porno de maduritas haciendo
guarradas– y se inventan la supuesta película secreto de estado. La búsqueda
comienza en el lado tenebroso de internet.
El 43º archivo de una
página de videos raros da inicio. Una cita a ciegas de una mujer bastante
rebutida con un caballero envuelto en una bufanda de auténtica pashmina –bueno,
es Lobezno. Llegan al restaurante y se quitan los abrigos y: ¡Sorpresa! Al caballero
le cuelgan un par de huevos del cuello –ahí donde el común de los mortales
tiene la papada conforme envejece– y nadie parece darle más importancia. Bromas
de grano grueso tipo de caer un pelo –no un pelo liso de la cabeza, un pelo rizado–
en el consomé o que haga frío –y se note cierta contracción.
Este es el nivel. A
partir de ahí otros segmentos más.
Unos padres que enseñan a
su hijo en casa –incluso le hacen de matones, le echan de casa para hacer la
típica fiesta americana y lo putean en general.
Una joven pareja está a
punto de “proponerse” –matrimonio cree él, que le haga popó encima pide ella– y todo gira alrededor del truño perfecto –tacos
con frijoles y laxante– y el desperdicio de dicho truño explosivo contra el
parabrisas de un coche –¡Mierda!
Un cajero de supermercado
–menudos especímenes todos, muy al gusto feliniano– va anunciando las ofertas
hasta que se encuentra con su ex y ahí, con micro abierto, le declara –más bien
desgrana– su amor disfuncional. Mención honorífica para Kieran Culkin, el hermano
del de Sólo en casa, con su aspecto
tan inspirado como el de su hermano.
Un nuevo producto de la
manzanita, el I-chica –I-Babe– que es un reproductor de mp3 en forma de moza
desnuda. Luego sabemos que el aparato tiene un ventilador muy potente justo en
el fistro de abajo, con el peligro de
amputación de dedos y hánders de sus
clientes. Richar Gere, haciendo de Steve Jobs, intenta dar con la solución al
problema con su consejo –no es otra que advertir que ahí no se toca, con alambre de espinos en anuncios incluso.
Citas express entre
superhéroes. Robin quiere ligar pero Batman está por ahí molestando –después
dicen de estos dos– porque tiene el soplo que va a haber un atentado.
Un chico y una chica
están en casa –podría haber bacalao– pero ella se siente mal, se levanta
dejando un manchurrón rojo en su asiento. Mermelada piensa él. Ella quiere irse
a su casa, va manchando las paredes. Llega el hermano mayor y se pone a
improvisar soluciones, a cuál más desquiciada.
Dos anuncios complementan
la película: No abuséis de las máquinas, tienen niños dentro y el nuevo Tampax
sin fugas –para nadar tranquila entre tiburones.
Un “bro” tiene un regalo de cumpleaños para su amigo Stifler: Un enano irlandés.
El gnomo –o duende, no sé mitología celta– está cabreado. Aparentemente lo intercambian
por una olla de oro que en realidad esconde al hermano del enano irlandés.
Lucha, tiros y al final los dos irlandeses muertos. Ah, había otro regalo: Un
hada –que la chupa a cambio de monedas de oro.
Otra cita a ciegas, esta
vez los protagonistas son aparentemente normales –no hay huevos colgando del
cuello– pero lo que hacen no. Empiezan a jugar a Verdad o Prenda. A nivel
bestia: Tocarle el culo a un motero, hacer guacamole con una teta o tatuarse
una polla en la mejilla. Ese es el nivel.
Un equipo de básquet negro.
Los jugadores están cohibidos por salir a la cancha, llena de blancos. El
entrenador les convence que son superiores, fundamentalmente por la longitud de
sus handers –unos 40cm. El partido
resulta hasta que a uno de los jugadores blancos le hacen un placaje –¿eso es
de básquet?– y van a la línea de falta. Resultado: Negros mandinga 103,
blanquitos 1.
Ya casi llegamos al final
de las historietas con un curioso gato, enamorado de su dueño y celoso de la
novia de este. El gato se masturba, se mete un cepillo en el ohio mientras hace de voyeur de sus
dueños treginando y tal. La moza se
harta y acaba apaleando –sí, con una pala– el gato. El mozo elige al gato al
final. Para que después digan que no hay hombres sensibles que aman –y son
amados– por los animales.
Y fin, encuentran la Movie 43 tras activar un protocolo
ultrasecreto del gobierno. Es el mismo niño hacker que les avisa de que han de
desactivar el protocolo ultrasecreto o el mundo se destruirá. Hay que
intentarlo, con el portátil, pero está a petar de virus y va más lento que el
Internet Explorer de una abuela que se ha comprado un Acer.
Conclusión: Lo dicho,
grano grueso. Pero menudo elenco de estrellas.
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